Gabriel José de la Concordia García Márquez, feliz cumpleaños. Tal vez sea una de las últimas que ande felicitándote, estuve presente en todas las fiestas que tuviste en el mundo cibernético, este mundo paralelo, esta alianza donde las almas se tocan y se llaman sin siquiera darnos cuenta, en esta red que alimenta las dimensiones, algunas, quizá todas, ¿quién puede saberlo? Aun estás en ésta querido Gabo, el escritor, ¿a qué no sabes que un día me descubrí en tu novela El Coronel no tiene quién le escriba? Mi alma y yo, somos ese Coronel que espera cada viernes la respuesta, la justa remuneración de lo que fue su guerra; un día supe lo que es la literatura, eso algo más allá de qué sé yo; tu pluma García Márquez, descubrió lo que soy y seguiré siendo. ¿Cómo le haces? ¿Quién eres? ¿Cómo lo lograste? Esa es la maravilla, ese es mi respeto. Tomo la novela entre mis manos y leo, leo esas líneas que me describen siempre, los símbolos, los destiempos, el hijo ausente que no se puede ni llorar porque no existen los cómos y las formas. Ese caminar, la ropa roída, la olla humeante, ese ir y venir a esperar el correo, las miradas, los viernes (mañana es viernes), la prudencia, la compañía que siempre cuestiona; las glorias y laureles fugaces, eso que queda para recordar el resto de la vida. El gallo, alimentar el animal, es lo primordial dices, la esperanza. Lo que fue, lo que se queda, ese personaje eterno, el Coronel y yo. Me veo en él, me hiciste en él, lo entiendo claramente pero no sé por qué. La escribiste en 1961, yo nací en 1970, ¿la habrá leído mi madre antes de concebirme? ¿Durante el parto? Yo también soy veterana de la Guerra de los Mil Días, total, lo escrito escrito está, ahí permanece y es de ese material perenne. Feliz cumpleaños 87 Gabriel, has avanzado bastante; aun te queda tiempo de inventar existencias, de predecir vidas, de crear andanzas, aun tienes tinta y papel, aun tienes piel. Buenas noches Gabriel García Márquez, recibe un beso, tal vez el de la medianoche, de una noche que se despide al son de las mañanitas. Aché.
jueves, 6 de marzo de 2014
jueves, 30 de enero de 2014
Por si las flies
Durante la presentación del proyecto del Home Port de Puerto Peñasco
el día miércoles, 29 de enero del 2014 casi al mediodía.
sábado, 4 de enero de 2014
25 Aniversario Luctuoso de Juan Carlos Preciado Galaz (1969-1989)
Hace 25 años falleció Juan
Carlos Preciado Galaz a la edad de 19 años, su recuerdo en mi corazón, memoria
y vida siguen intactos; su partida fue una fuerte sacudida en mi vida, tanto
que a veces no me puedo explicar cómo es que pude salir de esa impresión
teniendo apenas 18 años de edad; otras veces me queda muy claro, gracias a la
solidaridad de tantos seres humanos que en esos momentos son instrumentos y se
desempeñan como ángeles en la tierra, hogares que me abrieron las puertas para
que no pasara los días en casa donde estaba todo el recuerdo vivo de Juan
Carlos. Recuerdo los días del 3 al 8 de enero de 1989, pero después de esas
fechas los primeros años siguientes se me pierden en mi memoria y siento
grandes confusiones, solamente intenté seguir, caminar, aferrarme, buscar,
estudiar, meditar, trabajar, dormir, todo lo que me llevara a continuar
viviendo. En mi camino aparecieron nuevos rostros, amigos, cariños entrañables,
seres especiales que me ayudaron a seguir siempre; proyectos religiosos, de
trabajo, de estudios, grandes retos que me hacían sentir que valía la pena
continuar. Algo pasa entre los humanos cuando alguien se siente perdido, se
activan mentes, corazones, situaciones, se activan sentimientos ocultos capaces
de alimentar energéticamente a alguien que está apagado, en esa ocasión, fue a
mí. Tengo una lista escrita y precisa en mi corazón de personas que toleraron
mi tristeza, mi descontrol, mi desarmonía, personas que supieron permanecer a
pesar de ser yo muchas veces una persona no grata, que no encajaba en lo común,
supieron estar ahí; esa lista está impresa con letras de oro en mi vida, están
para la eternidad en ese estado inolvidable. De las demás personas que no
pudieron seguir, estar, no pudieron tener compasión de mi tristeza, de ellas no
me acuerdo, no sé si existieron ni cómo se comportaron ni lo que hablaron; cada
quien refleja lo que trae en su interior cuando se enfrenta ante situaciones
adversas de los demás seres humanos.
Después de conocer ese
rostro de la muerte, ese rostro que te quita a un joven lleno de brío y
proyectos mutuos (maletas hechas, boletos de avión, escuelas pagadas,
pasaportes visados, calendario establecido, secretos compartidos), tras
comprender que la vida es eso, he podido asimilar con más entereza las partidas
que han seguido desde entonces; guardando siempre un dolor infinito y perene
por los seres que son entrañables en mi vida, comprendí que la línea que divide
la vida y la muerte es apenas tangible y que en un pestañear de ojos muere todo
para nacer de nuevo todo. Aprendí a no buscar consuelo sino a saber vivir con
lo que tenemos, con el dolor y la alegría, no me quedó otra salida masque ser
valiente y enfrentar las situaciones de frente; entre tantas respuestas
buscadas y respuestas obtenidas, se crece de alguna forma, porque es decisión personal
lograrlo.
El extrañar físicamente a
una persona es lo terrible, las personas te hablan de dios y del más allá con
una facilidad que sorprende: “él ya está en el cielo, ya descansa en paz, hasta
ahí tenía su raya, es la voluntad de dios, déjalo descansar, no le llores, no
lo invoques, no lo menciones, déjalo ir, acepta, resígnate, fíjate en el dolor
de su madre, no llores enfrente de tu mamá…”; todas las frases me retumban en
mi mente, pero recuerdo más esos abrazos largos, esos llantos compartidos, esa
compañía que desahoga, ese silencio oblativo, esa melodía precisa, esa mirada
amorosa, esas manos extendidas, esas bienvenidas largas, esas despedidas
cortas. La partida de tu ser querido, de tu amigo, es eso, es tuyo, es tu
dolor, tu angustia, el tú saber por qué sufres, es algo entre dos.
La vida continua, ya han
pasado 25 años, ha sido una carrera larga, una vida plena, porque cuando las
personas mueren uno aprende el valor de la vida, aprende a amar la vida, a amar
a los tuyos con más fuerza que nunca, aprendes a no lastimar a los demás, a
cuidar de los seres vivos (animales, plantas), a no hacerte daño, a cuidar que
no te pase nada para que nadie sufra tu pérdida voluntaria; ya han pasado más
años de los que vivió Juan Carlos en esta vida, algunos seres aun rumoran
recuerdos, algunas voces aun inventan, pero uno tiene su propia historia, uno
sabe de su vida y muy claramente. Las adversidades obligan a ir eligiendo otros
caminos, a cambiar de aires cuando están contaminados, a buscar los mejores
seres para convivir a diario, las adversidades te obligan a buscar a pulso la
felicidad, pero la felicidad basada en lo intangible, en el amor, la lealtad,
la construcción, el trabajo, la creación; no en lo material, eso se da por
añadidura, pero no es el fin que se debe de perseguir, porque mis seres que se
han ido de este mundo no se han llevado nada, pero sí se han llevado mi cariño,
mi amor incondicional, de eso estoy segura. Sé que de alguna forma eso lo
sentirán para la eternidad en sus almas. Sé que Juan Carlos lleva en su viaje
eterno mi amistad que lo hizo sentir tan especial; lo demás es parte de nuestra
historia juntos.
Creo firmemente que estamos
en esta vida prestada para crecer en nuestro interior, en el alma, en esa luz
que Dios en su grandeza nos enciende y nos hace diferente a todas las demás
especies; creo que tenemos esa oportunidad, esa es la prioridad, crecer como
humanos, engrandecer nuestros espíritu y ser lo más que podamos en esa alma que
tenemos resguardada en nuestro ser. Somos mucho más que materia. Es por eso que
hay temas que siempre nos hacen reflexionar, buscar, siempre tratar de trascender
y elevarnos un poco más a la vez. Por eso les comparto lo siguiente en este día
tan especial para mi vida, en este día de profunda reflexión acerca de la vida
y la muerte:
El pasado 30 de diciembre
falleció Karla Yescas, una mujer preciosa de 45 años, falleció víctima del
cáncer en plenitud de su vida; Karla es de Caborca, vivía en Estados Unidos,
casada y con cuatro hijos; cuando me enteré de su partida, de su conciencia de
estar dejando este mundo, a sus hijos aun tan jóvenes, tan niños, sentí una
gran desolación por esa historia de amor; no puede atinar a otra cosa masque a
rezar, a hacer oración, a tratar de abrazar a la distancia a seres que no
conoces como conociste a Karla cuando era una adolescente, una jovencita tan
bella. Ayer entré a su Facebook y encontré una carta que le escribió su esposo
a Karla, en ella, ayer por la noche, aprecié un amor tan grande, encontré
tantas respuestas, tanto que aprender de Karla, de su esposo, su mamá y sus
hijos que quiero, con mucho cariño, con un gran respeto, compartirlo con todos
ustedes que han decidido tener esta tarde de reflexión, meditación e
introversión junto conmigo. Quiero que la partida de Karla nos haga crecer como
seres de luz, como hijos de Dios. Todos somos parte de todos. Gracias. Aché.
***
Para una maravillosa mujer,
hija, esposa, madre y amiga
El Cáncer es visto por mucha
gente como una de las peores cosas que podría pasarle a una persona. Las
razones son más que evidentes, pues el cáncer es en verdad una enfermedad
terrible, que trae consigo incesante sufrimiento tanto físico como emocional.
Así que hasta no hace mucho tiempo yo también veía lo mismo que esas gentes.
Pero cuando esa persona
ofrece con Amor a Dios su sufrimiento y su dolor para que sus seres queridos
estén bien, y pide para que otras personas no padezcan el mismo sufrimiento, las
cosas toman un rumbo completamente distinto. Es interesante como este
ofrecimiento se asemeja a lo que alguien llamado Jesús hizo por nosotros hace
algunos 2000 años, y nos muestra con tal claridad, el camino de la Redención,
si solamente sabemos abrir nuestro corazón a ese sufrimiento. Fuiste capaz de
ofrecer tu sufrimiento con tal amor a Dios, que los frutos de ese continuo acto
se ven reflejados en mi persona, nuestros hijos, tu madre, tu hermano y el gran
número de familiares y amigos a los que de alguna forma tu sufrimiento ha
tocado su corazón.
Hoy gracias a ti y a tu
sacrificio, nuestros cuatro hijos son y serán por siempre mejores personas. Su
capacidad de amar, su madurez y su valentía no dejan de asombrarme. Estoy, y sé
que tú también, inmensamente orgulloso de ellos. Hoy en día no sé qué sería de
mí, sin su gran amor y apoyo. He compartido contigo la gracia de formar una
hermosa familia, y aun cuando no estés más físicamente presente con nosotros,
nuestros hijos y yo sabemos que tu presencia y tu esencia estará siempre con
nosotros.
Luchaste hasta el fin aun
cuando en más de una ocasión el pronóstico médico no fuera favorable. Venciste
inclusive en una ocasión ese pronóstico adverso gracias a tu gran Fe e
inquebrantable voluntad. Tu gran amor a Dios jamás te permitió alguna queja
contra Él. Aceptaste siempre su Voluntad y solo en tus momentos finales de
agonía preguntabas si Dios te habría abandonado. Jesucristo en su agonía
preguntó también lo mismo al Padre. Hoy con Él, estás junto a Dios Padre
gozando de su Gloria.
A nuestros familiares y
amigos agradecemos infinitamente todo su apoyo, sus oraciones y ayuda
incondicional que nos brindaron durante todo este trayecto. Estaremos siempre
en deuda con ustedes.
Quiero antes de terminar,
dedicar unas palabras para tu madre, a la cual amaste infinitamente. Su amor,
devoción y cuidado por ti me conmovió en más de una ocasión. No hay palabras
para consolar el dolor de una madre que ha perdido a su hija, pero quiero decir
que esto es más que palabras. Son hechos y testimonio viviente de cómo cada
persona a la que tu sufrimiento haya tocado, es ahora una mejor persona. Que tu
sacrificio y el inmenso amor que siempre nos demostraste, en conjunto con
nuestra Fe y amor a Dios, nos ayude a tu madre y a todos tus seres queridos a
encontrar alivio a nuestras almas que hoy comparten el dolor de verte partir.
Hoy honramos tu muerte y tu sufrimiento, y celebramos tu vida y tu eterna
existencia entre nosotros.
Tu amado esposo
Alfredo
Hace 25 años falleció Juan Carlos Preciado Galaz a la edad de 19 años
Hace 25 años falleció Juan Carlos Preciado Galaz a la edad de 19 años, su recuerdo en mi corazón, memoria y vida siguen intactos; su partida fue una fuerte sacudida en mi vida, tanto que a veces no me puedo explicar cómo es que pude salir de esa impresión teniendo apenas 18 años de edad; otras veces me queda muy claro, gracias a la solidaridad de tantos seres humanos que en esos momentos son instrumentos y se desempeñan como ángeles en la tierra, hogares que me abrieron las puertas para que no pasara los días en casa donde estaba todo el recuerdo vivo de Juan Carlos. Recuerdo los días del 3 al 8 de enero de 1989, pero después de esas fechas los primeros años siguientes se me pierden en mi memoria y siento grandes confusiones, solamente intenté seguir, caminar, aferrarme, buscar, estudiar, meditar, trabajar, dormir, todo lo que me llevara a continuar viviendo. En mi camino aparecieron nuevos rostros, amigos, cariños entrañables, seres especiales que me ayudaron a seguir siempre; proyectos religiosos, de trabajo, de estudios, grandes retos que me hacían sentir que valía la pena continuar. Algo pasa entre los humanos cuando alguien se siente perdido, se activan mentes, corazones, situaciones, se activan sentimientos ocultos capaces de alimentar energéticamente a alguien que está apagado, en esa ocasión, fue a mí. Tengo una lista escrita y precisa en mi corazón de personas que toleraron mi tristeza, mi descontrol, mi desarmonía, personas que supieron permanecer a pesar de ser yo muchas veces una persona no grata, que no encajaba en lo común, supieron estar ahí; esa lista está impresa con letras de oro en mi vida, están para la eternidad en ese estado inolvidable. De las demás personas que no pudieron seguir, estar, no pudieron tener compasión de mi tristeza, de ellas no me acuerdo, no sé si existieron ni cómo se comportaron ni lo que hablaron; cada quien refleja lo que trae en su interior cuando se enfrenta ante situaciones adversas de los demás seres humanos.
Después de conocer ese rostro de la muerte, ese rostro que te quita a un joven lleno de brío y proyectos mutuos (maletas hechas, boletos de avión, escuelas pagadas, pasaportes visados, calendario establecido, secretos compartidos), tras comprender que la vida es eso, he podido asimilar con más entereza las partidas que han seguido desde entonces; guardando siempre un dolor infinito y perene por los seres que son entrañables en mi vida, comprendí que la línea que divide la vida y la muerte es apenas tangible y que en un pestañear de ojos muere todo para nacer de nuevo todo. Aprendí a no buscar consuelo sino a saber vivir con lo que tenemos, con el dolor y la alegría, no me quedó otra salida masque ser valiente y enfrentar las situaciones de frente; entre tantas respuestas buscadas y respuestas obtenidas, se crece de alguna forma, porque es decisión personal lograrlo.
El extrañar físicamente a una persona es lo terrible, las personas te hablan de dios y del más allá con una facilidad que sorprende: “él ya está en el cielo, ya descansa en paz, hasta ahí tenía su raya, es la voluntad de dios, déjalo descansar, no le llores, no lo invoques, no lo menciones, déjalo ir, acepta, resígnate, fíjate en el dolor de su madre, no llores enfrente de tu mamá…”; todas las frases me retumban en mi mente, pero recuerdo más esos abrazos largos, esos llantos compartidos, esa compañía que desahoga, ese silencio oblativo, esa melodía precisa, esa mirada amorosa, esas manos extendidas, esas bienvenidas largas, esas despedidas cortas. La partida de tu ser querido, de tu amigo, es eso, es tuyo, es tu dolor, tu angustia, el tú saber por qué sufres, es algo entre dos.
La vida continua, ya han pasado 25 años, ha sido una carrera larga, una vida plena, porque cuando las personas mueren uno aprende el valor de la vida, aprende a amar la vida, a amar a los tuyos con más fuerza que nunca, aprendes a no lastimar a los demás, a cuidar de los seres vivos (animales, plantas), a no hacerte daño, a cuidar que no te pase nada para que nadie sufra tu pérdida voluntaria; ya han pasado más años de los que vivió Juan Carlos en esta vida, algunos seres aun rumoran recuerdos, algunas voces aun inventan, pero uno tiene su propia historia, uno sabe de su vida y muy claramente. Las adversidades obligan a ir eligiendo otros caminos, a cambiar de aires cuando están contaminados, a buscar los mejores seres para convivir a diario, las adversidades te obligan a buscar a pulso la felicidad, pero la felicidad basada en lo intangible, en el amor, la lealtad, la construcción, el trabajo, la creación; no en lo material, eso se da por añadidura, pero no es el fin que se debe de perseguir, porque mis seres que se han ido de este mundo no se han llevado nada, pero sí se han llevado mi cariño, mi amor incondicional, de eso estoy segura. Sé que de alguna forma eso lo sentirán para la eternidad en sus almas. Sé que Juan Carlos lleva en su viaje eterno mi amistad que lo hizo sentir tan especial; lo demás es parte de nuestra historia juntos.
Creo firmemente que estamos en esta vida prestada para crecer en nuestro interior, en el alma, en esa luz que Dios en su grandeza nos enciende y nos hace diferente a todas las demás especies; creo que tenemos esa oportunidad, esa es la prioridad, crecer como humanos, engrandecer nuestros espíritu y ser lo más que podamos en esa alma que tenemos resguardada en nuestro ser. Somos mucho más que materia. Es por eso que hay temas que siempre nos hacen reflexionar, buscar, siempre tratar de trascender y elevarnos un poco más a la vez. Por eso les comparto lo siguiente en este día tan especial para mi vida, en este día de profunda reflexión acerca de la vida y la muerte:
El pasado 30 de diciembre falleció Karla Yescas, una mujer preciosa de 45 años, falleció víctima del cáncer en plenitud de su vida; Karla es de Caborca, vivía en Estados Unidos, casada y con cuatro hijos; cuando me enteré de su partida, de su conciencia de estar dejando este mundo, a sus hijos aun tan jóvenes, tan niños, sentí una gran desolación por esa historia de amor; no puede atinar a otra cosa masque a rezar, a hacer oración, a tratar de abrazar a la distancia a seres que no conoces como conociste a Karla cuando era una adolescente, una jovencita tan bella. Ayer entré a su Facebook y encontré una carta que le escribió su esposo a Karla, en ella, ayer por la noche, aprecié un amor tan grande, encontré tantas respuestas, tanto que aprender de Karla, de su esposo, su mamá y sus hijos que quiero, con mucho cariño, con un gran respeto, compartirlo con todos ustedes que han decidido tener esta tarde de reflexión, meditación e introversión junto conmigo. Quiero que la partida de Karla nos haga crecer como seres de luz, como hijos de Dios. Todos somos parte de todos. Gracias. Aché.
***
Para una maravillosa mujer, hija, esposa, madre y amiga
El Cáncer es visto por mucha gente como una de las peores cosas que podría pasarle a una persona. Las razones son más que evidentes, pues el cáncer es en verdad una enfermedad terrible, que trae consigo incesante sufrimiento tanto físico como emocional. Así que hasta no hace mucho tiempo yo también veía lo mismo que esas gentes.
Pero cuando esa persona ofrece con Amor a Dios su sufrimiento y su dolor para que sus seres queridos estén bien, y pide para que otras personas no padezcan el mismo sufrimiento, las cosas toman un rumbo completamente distinto. Es interesante como este ofrecimiento se asemeja a lo que alguien llamado Jesús hizo por nosotros hace algunos 2000 años, y nos muestra con tal claridad, el camino de la Redención, si solamente sabemos abrir nuestro corazón a ese sufrimiento. Fuiste capaz de ofrecer tu sufrimiento con tal amor a Dios, que los frutos de ese continuo acto se ven reflejados en mi persona, nuestros hijos, tu madre, tu hermano y el gran número de familiares y amigos a los que de alguna forma tu sufrimiento ha tocado su corazón.
Hoy gracias a ti y a tu sacrificio, nuestros cuatro hijos son y serán por siempre mejores personas. Su capacidad de amar, su madurez y su valentía no dejan de asombrarme. Estoy, y sé que tú también, inmensamente orgulloso de ellos. Hoy en día no sé qué sería de mí, sin su gran amor y apoyo. He compartido contigo la gracia de formar una hermosa familia, y aun cuando no estés más físicamente presente con nosotros, nuestros hijos y yo sabemos que tu presencia y tu esencia estará siempre con nosotros.
Luchaste hasta el fin aun cuando en más de una ocasión el pronóstico médico no fuera favorable. Venciste inclusive en una ocasión ese pronóstico adverso gracias a tu gran Fe e inquebrantable voluntad. Tu gran amor a Dios jamás te permitió alguna queja contra Él. Aceptaste siempre su Voluntad y solo en tus momentos finales de agonía preguntabas si Dios te habría abandonado. Jesucristo en su agonía preguntó también lo mismo al Padre. Hoy con Él, estás junto a Dios Padre gozando de su Gloria.
A nuestros familiares y amigos agradecemos infinitamente todo su apoyo, sus oraciones y ayuda incondicional que nos brindaron durante todo este trayecto. Estaremos siempre en deuda con ustedes.
Quiero antes de terminar, dedicar unas palabras para tu madre, a la cual amaste infinitamente. Su amor, devoción y cuidado por ti me conmovió en más de una ocasión. No hay palabras para consolar el dolor de una madre que ha perdido a su hija, pero quiero decir que esto es más que palabras. Son hechos y testimonio viviente de cómo cada persona a la que tu sufrimiento haya tocado, es ahora una mejor persona. Que tu sacrificio y el inmenso amor que siempre nos demostraste, en conjunto con nuestra Fe y amor a Dios, nos ayude a tu madre y a todos tus seres queridos a encontrar alivio a nuestras almas que hoy comparten el dolor de verte partir. Hoy honramos tu muerte y tu sufrimiento, y celebramos tu vida y tu eterna existencia entre nosotros.
Tu amado esposo
Alfredo
viernes, 22 de noviembre de 2013
Lo que nos espera
Ya cesó el agua del Cielo, después de 20 horas de lluvia esta Tierra se sabe diferente; las semillas ya estaban sembradas desde hace tiempo, nos espera una primavera radiante entonces.
Lo que nos espera
Ya cesó el agua del Cielo, después de 20 horas de lluvia esta Tierra se sabe diferente; las semillas ya estaban sembradas desde hace tiempo, nos espera una primavera radiante entonces.
El Cielo trae otros planes
De lluvia y sus milagros. El secreto está en no embarcarse y decir adiós para siempre. Recordemos que el Diluvio empezó con su primer día. Las historias se repiten, los videntes existen, el realismo mágico perdura. Pero tiempos traen tiempos y si esto se convierte en un solo mar habremos de sortearnos en una moto de agua
;) Empiezo a sospechar que el Cielo trae otros planes.
El Cielo se encarga de los demás
Llegan los siempre prometidos vientos del norte. Algo bueno habrán de traer, de seguro un próximo jueves nombrado día de gracias.
El mar está revuelto, los peces saben que al amanecer serán ganancia de pescadores, por eso se dejan llevar por la corriente. El universo se esconde detrás de las tímidas e iluminadas nubes. Los que cuidamos de la noche vemos con más claridad. El Cielo se encarga de los demás.
Buenas noches (1:40 a.m.).
jueves, 25 de abril de 2013
Hace años
Hace años que fui mordida por uno de los animales más venenosos del
mundo, desde entonces -y para siempre- soy inmune a cualquier veneno, incluso,
al que emanan de sus bocas y transpiran por sus poros las peores bestias que
habitan este desierto; por cierto, el más peligroso de los cinco continentes.
Viernes, 19 de abril 2013. Al mediodía.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Y nos dijo Alex Rivera
Y nos dijo Alex Rivera (en inglés y español) que en Puerto Peñasco tenemos otro nivel de Conciencia y somos especiales; nosotros, pues, así nos creemos las palabras cuando vienen de un cineasta de verdad. Yo, con mi blusa de mariposa negra me confeccioné mentalmente para lo que sigue... por la emoción de lo que vivimos en el Centro de Visitantes "Schuk Toak" y la respuesta del desierto y sus jóvenes.
Los demás tomaron imágenes para sus memorias. Buena jornada. Gracias a Alex Rivera por compartir su inteligencia y poderes, así se los digo, así lo sabemos todos.
Los caminos se siguen abriendo.
Foto: Ariel González. [Viernes, 15 de febrero 2013. A las 6 pasadas de la tarde]
jueves, 27 de septiembre de 2012
Señales sencillas
Señales sencillas
Por Nina Mier
Fue un sábado, por día 27 de septiembre pero del 2008; eran
las 7 a.m., nos habíamos levantado a las 6 de la mañana a preparar todo, a
prepararme en todo lo necesario para una cirugía. Llegó Silvia, un ángel urbano
por decirle de alguna manera, se encargaría de cuidar a Salomón mientras
nosotros, Socorro y yo, permanecíamos en la Clínica.
Llegó el taxi, ya con nueve meses de embarazo, pensando y
apostando que mi hija nacería el 7 de octubre, había llegado el día indicado
por el más valioso de los ginecólogos, el Dr. José Antonio Javalera; un día
anterior llegué a la cita obligada a su consultorio, le digo a la enfermera:
“No me peses, no quiero saber nada de eso, no me tomes la presión, no quiero
nada ya”, me observa y no me dice nada, pero sí se lo dice al doctor.
Cuando llego a revisión, se me queda viendo Javalera y me
dice: “Algo no anda bien Nina, ya no es buena señal que no quieras nada”; me
sube al sillón y empieza el ultrasonido, semanas antes se había detectado que
Rut venía con dos vueltas del cordón umbilical en el cuello, aun así nada
parecía anormal dentro de los parámetros de la ecografía en 3D. “Quiero que te
vayas a internar ahora mismo a la Clínica Santa María, les daré la orden,
quiero que te preparen para intervenirte con una cesárea mañana a primera
hora”.
“No me internaré ahora, lo haré en la mañana, tenemos cosas
pendientes por hacer aún”; se me quedó viendo no muy convencido pero nos fuimos
advertidos de que si me sentía más mal me fuera de inmediato a la clínica.
Socorro y yo sabíamos que podía pasar algo muy grave por una lamentable
situación que habíamos vivido un par de meses antes, para ser exactos el 8 de
julio, pero habíamos guardado sigilosos el infortunio con el fin de enfocar
toda nuestra energía y oración en que mi hija y yo saliéramos libradas en el
final del embarazo y el parto.
Nudo verdadero
Recientemente, hace unos días me puse a investigar en el
internet acerca de este nudo que aparece en el cordón umbilical, cada vez que
me internaba en los comentarios, las anécdotas, las explicaciones clínicas, las
estadísticas… cada vez me sorprendía más. Al principio, leí un foro donde
decenas de mamás platicaban experiencias que ellas vivieron o conocidas
respecto a este nudo que hasta hace poco desconocía el término real para
nombrar un nudo en el cordón; el caso es que contabilicé, llevaba 12 casos
leídos y solamente un bebé había sobrevivido en el parto, los otros 11 bebés
habían nacido muertos. Me alarmé, compartí lecturas con Socorro y seguí
indagando al respecto, algo que no había hecho en cuatro años por marcar una
distancia de aquellos días.
Una mañana calurosa
Me recuerdo subiendo con dificultad al taxi, ataviada con una
bata, unas pantuflas grises y el calor asomándose por la ventana. Recorrí con
mi vista las casas cuando íbamos rumbo a la Clínica, Socorro se sentó en el
asiento de enfrente, eso me permitía verle su rostro por el retrovisor, su
mirada se extraviaba entre los destellos que daba el sol al moverse el taxi por
la ciudad; a veces, el carro caía en un bache y por no traer amortiguadores
sentía el golpe al final de mi columna; me dolía el cuerpo, todo, no sabía
dónde, porque me dolía el alma debo de confesar.
Llegamos, mi comadre Bárbara Pesqueira nos esperaba, no salía
más nadie, tardamos unos 10 minutos en espera; salió un joven enfermero,
Socorro le entregó la orden para internarme y de que me empezara a preparar
para la cesárea. Caminamos el pasillo, en el cuarto del fondo nos instalamos.
“¿Cómo te llamas?”, le dije al enfermero; “Víctor”, me dijo… “Ah, se llama como
tu hermano Socorro, eso es algo bueno”. Socorro andaba sacando las cosas de la
maleta. “Se tiene que quitar todo, le tengo que vendar las piernas,
canalizarla, hacer todo antes de que lleguen los doctores porque en unos
minutos entra al quirófano”, me dijo apresurado el enfermero. “¿Tan pronto?”…
A los minutos estaba acostada, intentaban canalizarme –nunca
me encuentran las venas luego luego-, ya me habían vendado las dos piernas y mi
comadre me observaba desde el sillón con su embarazo también muy avanzado.
Llegó al cuarto el Dr. Perea Ruelas, me dio la bienvenida a la clínica y me dijo
que él también estaría en el quirófano porque el Dr. Javalera andaba muy
estresado con mi cesárea. Me quedé pensando un rato y me sonreí; también me
dijo que estarían otros dos doctores: anestesiólogo, pediatra, además de los
asistentes. Se fue.
“Socorro, ven, creo que algo anda tenso entre los doctores,
por favor, diles, creo que es hora que les platiques lo que vivimos hace un par
de meses, que lo sepan por cualquier cosa”, apenas terminaba de decirle cuando
la camilla entró al cuarto. “Me puedo ir caminando, no tiene sentido que me
suban ahí, no hay problema, puedo resolver esto de ir canalizada”; Socorro se
adelanta y ya me reciben los doctores en un cuarto previo, en especial la
mirada del pediatra, me contuve, seguí, tienes que dar un paso alto antes de
entrar, todo lo hice bien. El quirófano me esperaba, afuera se quedaba todo,
adentro la lámpara y el movimiento perfecto de cada doctor, enfermeros y
asistentes.
El Dr. José Antonio Javalera, tan joven, pero tan firme, ahí
estaba frente a un gran reto esa mañana, lo sabía. Ambos lo sabíamos. Socorro
entró ataviado de azul contra las infecciones, el anestesiólogo se equivocó,
algo salió mal, estaba mal canalizada, me pusieron la raquea perfectamente pero
no entraba otra sustancia por la vena que tenía que estabilizar algo, el caso
es que me sentí desvanecer; los doctores se pegaron a las paredes y yo acostada
boca arriba con ambos brazos abiertos a los lados veía dar vuelta al
anestesiólogo de un lado a otro, desesperado con mis venas. Socorro tuvo que
salir por aire. “Ya no veo doctor, está todo negro”… “Un momento, un momento”,
me decía el doctor que iba y venía de un brazo a otro. “Ya, ya quedó, ¿cómo te
sientes?”.
Me sentía un poco mejor, pero no del todo, pero no dije nada.
La cortina que ponen para separarte de los doctores no era tan alta, entonces,
veía cómo hacían las labores. Socorro entró, me miró y se puso a los pies para
ser testigo; habíamos acordado, como con Salomón que nada de fotos, nada de
cámaras, solamente nuestros ojos. Así fue. Javalera contaba chistes, platicaba
con Perea, ahí tenía a los dos ginecólogos más solicitados en la región, ahí
estaban frente a mí; eso no era bueno para mí, pero me dejé llevar, confié.
El momento perfecto
Empezó Javalera a cortar las capas de mi piel, imagino que
siguiendo mi primera cesárea, entonces se detiene, hace una breve oración: “que
tus manos sean mis manos”… segundos después, exclama sin ánimos de asustar: “lo
sabía, por eso nunca dejaré de creer en las señales, lo sabía”. No quise saber
qué, Rut lloró, me la enseñaron, nunca pensé que nacería tan bella, eso dije
cuando la vi: “qué bonita”, sonreí. Pero me empecé a sentir un poco mal. Se la
llevaron, me siguieron haciendo lo conducente, pero los doctores hablaban entre
sí cosas que hasta ahora entiendo. Le avisaron a Socorro que la niña traía un
NUDO en el cordón umbilical, el pediatra le dijo que eran casos muy aislados,
que el promedio es de cada 2 millones de nacimientos uno viene con ese nudo
verdadero, porque hay nudos falsos.
Entonces desperté en el cuarto, muy atarantada por la raquea
y por la morfina que me habían puesto para evitar cualquier situación, no sentí
nunca ningún dolor pero mi estómago no podía más. Me dicen del nudo, “¿le
tomaron fotos? Que me lo guarden en formol”. Socorro no traía cámara, mi
comadre Bárbara le tomó con su celular al nudo aun con la placenta; no lo
pudieron guardar porque salubridad no lo permite. Cuando me llevaban al cuarto
vi a mi mamá en el pasillo, a la Elsa Romero… mi comadre seguía ahí; durante el
día recibimos visitas: Denise López, Susy Mazón, Josué Ellis, Nyllirma y
Alfonso, Amaranto… algunas fotos, palabras, regalos, pero no podía recuperarme.
Cuando me sentía un poco bien era para darle pecho a Rut. Era la morfina
queriendo salir de mi cuerpo.
Salomón llegó por la tarde, le dio fiebre en casa porque no
estábamos con él, se alivió al vernos. Dejamos la clínica el domingo por la
tarde; dejamos atrás una experiencia de vida. Pero nos llevamos a casa el
milagro de Dios en nuestras vidas. Hoy más que nunca, al saber lo que es este
NUDO VERDADERO lo sé con más certeza; hoy jueves, 27 de septiembre del 2012 mi
hija Rut Emmanuelle (nombres que en hebreo significan “amiga, Dios está con
nosotros”) cumple 4 años de nacida, lo celebro en grande y en la inmensidad,
más ahora que supe lo que pudo haber pasado. Los ultrasonidos nunca detectaron
ese nudo, es muy difícil hacerlo, pero el ginecólogo, mi querido Javalera, le
dio rienda suelta a su corazonada, vio algo más allá en señales tan sencillas
como no quererme subir a la balanza, como no querer nada. El doctor se detuvo,
por noción, por instinto en mi mirada de aquel viernes, 26 de septiembre, en
aquella cita que en casa le había dicho a Socorro que no quería ir, que quería
posponerla para la siguiente semana, pero la historia fue otra.
Reflexión
Les comparto esta experiencia, con el fin de dar a conocer
los riesgos que se corren en cada embarazo, más cuando recibes una noticia o un
impacto con una gestación tan avanzado; efectivamente, Rut, se enredó ese 8 de
julio, pero también hizo un nudo con sus movimientos mientras yo no podía
controlarme anímicamente. De aquí, mis queridos lectores, los dejo, porque me
tengo que entregar a una oración constante de agradecimiento a nuestro Padre
Dios porque nos consideró dignos de este milagro de amor.
Feliz cumpleaños Rut Emmanuelle, mi compañerita, mi hija tan
querida.
martes, 11 de septiembre de 2012
80 días
Alrededor de 80 días de lluvia consecutiva en Sonora, en sus
desiertos, en sus matorrales; entonces, en dos meses, estas tierras serán como
bosques, se llenarán de verdes pastos, por lo tanto, la próxima primavera será
sublime y diferente. ¿Habremos de viajar a los ahora bosques para encontrar
nuestro desierto entonces? Estamos llenos de agua, estamos llenos de vida,
corazones que siguen latiendo en esa promesa que gota a gota permanece cayendo.
Bienvenida la vuelta de la historia, bienvenido el tiempo correcto y las
pinturas que nacen constantes en ellas. Nuestras pupilas volverán a la paleta
de colores por unos tiempos, los monocromáticos podrán esperar como siempre.
Que siga lloviendo, total, el mundo entero estamos preparados para todo porque
nadie sabe nada, ni siquiera el que tiene siempre la última palabra. Secreto
convertido en misterio, misterio que revela lo que nos importa entender: Vida
que se repite por doquier.
Esto esperaban siempre nuestros antepasados, perpetuamente estaban
viendo al Cielo, día y noche esperando respuestas, anhelando las estrellas
fugaces y las lluvias. Ahora las
tenemos, aprovechemos.
11:45 p.m. 10 de septiembre 2012
miércoles, 29 de agosto de 2012
El árbol de ayer
El
árbol de ayer*
Por Nina Mier
Miércoles, 29 de agosto 2012
Salí después de todos para abrazar un árbol y
que me tomara Socorro la foto del recuerdo, mi blusa se manchó por la cal del
gordo tronco que abracé, del otro lado lo abrazó Ana Karina y aun así no lo
abarcamos, para mí fue simbólico, no podemos cubrir todo ni aun a cuatro
brazos. El tema después fue mi vieja blusa ensuciada que con tantos avatares de
la vida misma, ya por más que sacudas no
se quita lo plasmado en ella, pues aun así Socorro y Ana Karina se empeñaron en
desmancharla para que yo ingresara
limpia al salón de clases; pero las “manchas” no se quitan sacudiendo, aun con
todas las fuerzas, así como en la tela se pega lo que contiene lo que abrazas,
así se pega en el corazón lo que se fue.
Claro, el tronco, el
título de “Los árboles mueren de pie” de Alejandro Casona vino a mi mente, tras ello mi padre, recordé
la canción que me cantaba de niña, inclusive aun en sus tres días de agonía,
porque siempre fui su niña… “yo soy el árbol conmovido y triste, tú eres la
niña que mi tronco hirió, yo guardo siempre tu querido nombre y tú ¿qué has
hecho de mi pobre flor?”… y así con esa nostalgia le pedí a Carlos que pusiera
la canción, al son de ella, de la voz de Compay Segundo empecé a disfrutar de
los rostros de todos ustedes, de todas sus manos que se movían contando
historias, de sus matices y semblantes, de todo lo que se respira mientas el
arte fluye; entonces, Marissa voltea con su cara triste, me ve mientras unas
lágrimas se asoman tímidas por sus ojos, mientras sus labios tiemblan, vibrando
de emoción, me dice: “Yo no puedo seguir escribiendo, no puedo, no es para
tanto, no sé si podré leerlo mañana, que simple soy, si son tan sólo palabras
…”.
Mentras ella me decía, en su rostro recordaba un poema que escribí justo cuando papá murió, unos días después, en segundo plano mi pensamiento absorto pensando dónde quedó ese poema dedicado al árbol que dio raíces para que yo fuera otro tronco fértil, como un roble, como esos árboles que mueren de pie. De pronto, por estar entre el sentimiento tan honesto de Marissa, entre mi recuerdo doloso, entre el fondo musical con el tema de mi vida y mi padre, no supe masque decirle a Carlos que apoyara a Marissa y a sus manos que se retiraban de su computadora, desistiendo de seguir escribiendo porque se había apoderado de ella su propia historia. Es la literatura, ella es así, nos aborda pero nos deja solos frente a un universo creado por nuestra memoria.
Mentras ella me decía, en su rostro recordaba un poema que escribí justo cuando papá murió, unos días después, en segundo plano mi pensamiento absorto pensando dónde quedó ese poema dedicado al árbol que dio raíces para que yo fuera otro tronco fértil, como un roble, como esos árboles que mueren de pie. De pronto, por estar entre el sentimiento tan honesto de Marissa, entre mi recuerdo doloso, entre el fondo musical con el tema de mi vida y mi padre, no supe masque decirle a Carlos que apoyara a Marissa y a sus manos que se retiraban de su computadora, desistiendo de seguir escribiendo porque se había apoderado de ella su propia historia. Es la literatura, ella es así, nos aborda pero nos deja solos frente a un universo creado por nuestra memoria.
Entonces, pensé en
este texto que escribo y en el poema de aquellos días, el cual busqué y
encontré con la imagen de un árbol. Con profundo sentir se los comparto, aunque
frases cortas, en ese día no había más que decir.
Me partí,
se desmoronó la parte
lo sentí morir
caer
pedir perdón
¿a dónde se fue el
tiempo?
¿a dónde me fui yo?
me quedé pensando
quebrándome
balanceando mi soledad
¿dónde están todos?
¿dónde estás papá?
soy un árbol sin raíces
sin
frutos
ni
sombra
soy casi la nada y el
silencio
soy dolor
¿y dónde está Dios?
¿dónde cabe Él en
todo esto?
una cruz
un beso
un gracias papá…
y llegó la espada
me atravesó el costado
y
salió vinagre
yodo
cáncer
y
un poco de misericordia
llegó el abismo
me dejé ir
y aquí estoy
y aquí sigo
cayendo
cayendo
cayendo
Viñeta por Socorro González Barajas
(7 de enero 2003. Año de dolores profundos y el agua abundante)
*Ejercicio de narración para el Taller de Escritura Creativa impartido por Carlos Sánchez del 27 al 31 de agosto del 2012 en Puerto Peñasco, Sonora. MÉXICO.
martes, 24 de julio de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
Ocho de julio 2012: Ya pasaron cuatro años
Por la madrugada llegó Salomón a acostarse a nuestra cama,
entonces, Chonono quiso salir a sus “necesidades”, Socorro con toda su
paciencia y cariño se levantó a sacarlo al patio. Yo temía despertarme este
día, hay días marcados en nuestras existencias, esta fecha es una de ellas en
esta pequeña familia. No quería salir hoy, pero hubo que ir al rancho, nos
fuimos a las nueve de la mañana, llegamos, los niños corrieron a los
destrozados y viejos tractores del abuelo, es lo que les queda de él, de ese
abuelo cubano que no conocieron pero que lo traen en la sangre; no les importó
el calor, jugaron, se cambiaron de un tractor a otro, gritaron, corrieron. Así
es el rancho, así me gusta verlos. Nos regresamos, llegamos a las dos de la
tarde pasadas. Me acosté a dormir, no quería saber nada, menos de México y sus
resultados electorales.
Me duele el cuerpo, he somatizado lo vivido estos días, siete
días, donde ya toda la crónica anunciada transcurrió tal cual, pusieron
cortinas de humo: el huevo, demencia senil de García Márquez, la boda de Derbez…
no bastó para nadie, ahí fueron muchos, miles, a la Marcha 07-07, tampoco de nada sirve, pero por lo
menos gritan. Me duele el cuerpo, me duelen las coyunturas, los huesos, la
piel, me duele la mente, mis ojos, mis dedos, me duelen ellos, los que se
venden, los que son tan ignorantes, los que me dicen pendeja, me duele esto, me
duelen los que ya se derrumbaron, me duelen los que están de pie, me duelen los
que saben y los que desconocen. El domingo se fueron sueños, se fueron
consignas, se fueron protestas, se fueron verdades.
El domingo se fue un sueño de mis manos, uno en particular, el de
seguir con un fulgor, con ánimo, con empeño, con estar con uno de los grandes
líderes de fomento a la cultura y las artes aquí donde hoy vivo (Puerto
Peñasco), el sueño de que Guillermo Munro estuviera al frente de la dirección
cultural, ya no más… se perdió con el idealismo nacional. Así se pierde en lo
profundo, así se pierde luchando. Por eso, me duele el cuerpo, porque se pega
al alma, porque ahí habita el espíritu. Estoy en depresión post electoral, me
imagino que saldré adelante en unos días. Llegué cansada y lista para celebrar
el primero de julio, primero de julio me dijo que no tajantemente y me regresó
por donde llegué.
Así, entre recuerdos duros del pasado (un día como hoy pero del
2008), un presente incierto, un día bello, una noche de amor plena, sigo por el
sendero, sigo caminando con una sonrisa, con la frente en alto, con la mirada
fija, con dolor, pero así, con lo que soy y con lo que estoy preparada para
enfrentar. Siempre habrá un mejor día por venir, los niños juegan y gritan
consignas que escuchan en los videos que veo todo el día en youtube. Eso es bueno,
estamos en el camino, es lo que importa, pobres los que aun están fuera de él.
Mi hija Rut es muy necia, eso me hace sonreír; mi hijo es muy
divertido, eso me hace mantenerme; mi esposo es encantador, eso me hace
permanecer. Mi vida me magnetiza, eso me hace luchar así, por esto, por ellos,
por todos, por mí (como el juego del "bote robado" pero ahora en un "país robado").
Me imagino que esta semana saldré de esta depresión post electoral
que he vivido plenamente, que he padecido hasta llorar inconsolablemente,
después sentir mucha rabia, otras veces impotencia. He sabido padecer a la
altura de las circunstancias, eso me hace sentirme más fuerte. Sigo en lo
dicho, sigo en lo inconforme, pero sigo. Ha sido largo el camino, pero aun
falta, esto no termina. Estaré lista en un par de semanas para seguir en lo
mío, para fraguar proyectos culturales y ejecutarlos con ahínco y pasión; es lo
propio de mi existencia. Días de familia, días de cariño y voluntad; gracias
por su cobijo.
![]() |
© "Rut Emmanuelle en la tormenta". Fotografía por Socorro González Barajas |
martes, 3 de julio de 2012
Tres de julio 2012: Liberando mis voces.
Camino por el pasillo, es martes tres de julio al mediodía, estoy en casa, mi madre me habla y se despide porque va de viaje a las Bahamas. Mi hijo hace cuentas y dibuja sin parar. Terminé de escuchar a López Obrador defender mi voto, lo amo por eso, porque cree en mí y en millones más; está cansado pero lleno de sabiduría, de pronto se convierte en mi héroe, no me importa lo que piensen los demás sino solamente lo que sentimos AMLO y yo, nos hicimos un corazón. "Por dignidad seguimos", me escribió en un correo de yahoo mi amiga Isela Vega en la mañana; "no morrita, no desmallemos por favor, seguiremos siempre, acá andamos partiéndonos la madre, hay que seguir", me escribió por mensaje de hotmail Carlos Sánchez que se fue a México a unirse, a estar mandando misivas con la crónica del sentir, en esta ocasión del grupo #YoSoy132. De mis amigos del Facebook no sé nada porque me di de baja temporal, regresaré a esta red social hasta el primero de agosto; no soporto a los defensores de EPN, no me molestan los de JVM.
Afuera caen algunas gotas, esto sí es noticia, que llovizne en Puerto Peñasco, por años no cae agua del Cielo, tal vez ahora llora junto conmigo por lo que pasó el primero de julio; el Cielo sabe muchas cosas, tal vez se une a mi dolor; también el Cielo sabe que soy una Guerrera de Luz como me dice mi amiga Carmina, que no sé de dónde viene el término pero suena bien. Honro a mi padre, a mi abuelo, a mi tía Rosa, honro a mi pasado de los Mier, soy eso, soy ellos, y hoy, sigo viendo injusticia y un camino cerrado por la oligarquía; pero reacciono y me sumo a lo que creo, el domingo me vi unida -por ir tan de izquierda-, en lo local, me topé con la derecha y luché por ese proyecto que lo vi muy ciudadano, también no ganó. Ganaron otros intereses, iguales a los otros.
El dos de julio lloré, no por mí, sino porque vi llorar a los que lucharon porque AMLO ganara las elecciones, muchos se desvanecieron en sus comentarios en el facebook, se agotaron mentalmente, y yo, me dediqué a levantar sus corazones, a abrazarlos a la distancia, a ayudarlos a mantenerse de pie. Son dos Méxicos, somos dos naciones -y ambas son muy distintas-. Yo soy de la primera y ahí me quedaré.
Es la 1:29 p.m., ya no caen gotas, hace viento, el mar se escucha perfectamente y está embravecido. Puerto Peñasco perdió el dos de julio la oportunidad de florecer en la Cultura, en las Artes, teníamos al mejor postor, ya no; los talentos volverán al limbo, se había logrado sacarlos un poco de ahí, faltaba mucho por hacer y estaba el tiempo ideal para lograrlo, teníamos la mejor propuesta, Guillermo Munro Palacio al frente. No se logró, por lo mismo que pasó a nivel nacional se proyectó a nivel local, tal cual y tal cual como se comprobará en unos días para bien de la historia. AMLO defiende mi voto que di por él. Eso ayudará a mi voto azul que di en lo local. ¡Sí señor!
Hoy recogimos una caja de uvas cuando íbamos a dejar a Rut a la guardería, las mandó mi mamá de Caborca; riquísimas, muy buenas. Le mandé unas pocas a Beatriz, jefa inmediata de Socorro, hay que compartir, porque también compartimos penas y sinsabores. Me mandó decir Alan Munro hoy por la mañana que quiere que esté bien, que "perdimos una batalla solamente", a lo que le añado, "pero no la guerra".
Mi celular dice "batería baja", así me siento también, a pesar de todos los pendientes y proyectos, me tomé unas vacaciones imaginarias, esta tarde volaré para Cuba con mis pensamientos y estaré con mi tía Rosa en la Plaza a la Revolución, escucharé tambores, oleré el ron y el tabaco, tendré más calor que el habitual pero seré feliz. A las tres salimos por Rut y Socorro; Salomón y el Chonono hacen que les vuelen los pelos con el aire caliente, abren las ventanas del viejo Atos, lo que hago, los veo por el retrovisor y emito una oración por sentir tanta felicidad y libertad. Al regresar pondré a recargar la batería del teléfono otra vez y estaré esperando la llamada, ¿cual? No lo sé, pero debo de estar lista para ese momento. Lo estoy.
Ya es tres de julio y es martes, estoy liberando mis voces, mañana emitirán los resultados oficiales en el IFE, espero que digan que no los tienen todavía y que hablen de posibles ganadores de la contienda; espero que no entreguen a la Nación tan fácil. Espero que no. Aché.
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| © Pintura de Fernando Colores |
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Nina Mier,
Tres de Julio
viernes, 11 de mayo de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
domingo, 27 de noviembre de 2011
Cariño de invierno.
Por la mañana, platicando por teléfono con mi mamá, me avisa que uno de los árboles de naranjo que sembró mi Nana Chú tiene 34 naranjas a punto de madurar y que la Mandarina ostenta 53 frutos (en Caborca); "te mandaré por Albatros en cuanto estén listas, sé que son tu medicina de invierno", me dijo mi mamá. Y así es, por medio de estas frutas recibo el cariño de mi abuela que partió de este mundo desde 1981, pero dejó su amor sembrado. Esperaré ansiosa entonces mi porción de cariño de invierno.
domingo, 24 de julio de 2011
Un gran resplandor

Gracias tía Sylvia Elena por tantos momentos tan buenos que nos diste en nuestra infancia, por toda esa alegría, por los festines, los viajes a Tucson, por tu sonrisa, por los regalos, por tu ejemplo, por todo lo que nos dejas ahora que te vas, por tus hijos que se hicieron nuestros primos, por las aventuras, por brindarnos tu hogar, por tus pláticas, por tu elegancia... Gracias.
Hoy te fuiste al Cielo a las 10 de la mañana, es domingo, 24 de julio del 2011. Hasta Siempre.
(Foto tomada por su hija Rebeca cuando salió del hospital el 25 de junio tras haber estado dos días en terapia intensiva después de una operación al corazón que duró 7 horas).
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