jueves, 6 de marzo de 2014

Gabriel José de la Concordia García Márquez, feliz cumpleaños

Gabriel José de la Concordia García Márquez, feliz cumpleaños. Tal vez sea una de las últimas que ande felicitándote, estuve presente en todas las fiestas que tuviste en el mundo cibernético, este mundo paralelo, esta alianza donde las almas se tocan y se llaman sin siquiera darnos cuenta, en esta red que alimenta las dimensiones, algunas, quizá todas, ¿quién puede saberlo? Aun estás en ésta querido Gabo, el escritor, ¿a qué no sabes que un día me descubrí en tu novela El Coronel no tiene quién le escriba? Mi alma y yo, somos ese Coronel que espera cada viernes la respuesta, la justa remuneración de lo que fue su guerra; un día supe lo que es la literatura, eso algo más allá de qué sé yo; tu pluma García Márquez, descubrió lo que soy y seguiré siendo. ¿Cómo le haces? ¿Quién eres? ¿Cómo lo lograste? Esa es la maravilla, ese es mi respeto. Tomo la novela entre mis manos y leo, leo esas líneas que me describen siempre, los símbolos, los destiempos, el hijo ausente que no se puede ni llorar porque no existen los cómos y las formas. Ese caminar, la ropa roída, la olla humeante, ese ir y venir a esperar el correo, las miradas, los viernes (mañana es viernes), la prudencia, la compañía que siempre cuestiona; las glorias y laureles fugaces, eso que queda para recordar el resto de la vida. El gallo, alimentar el animal, es lo primordial dices, la esperanza. Lo que fue, lo que se queda, ese personaje eterno, el Coronel y yo. Me veo en él, me hiciste en él, lo entiendo claramente pero no sé por qué. La escribiste en 1961, yo nací en 1970, ¿la habrá leído mi madre antes de concebirme? ¿Durante el parto? Yo también soy veterana de la Guerra de los Mil Días, total, lo escrito escrito está, ahí permanece y es de ese material perenne. Feliz cumpleaños 87 Gabriel, has avanzado bastante; aun te queda tiempo de inventar existencias, de predecir vidas, de crear andanzas, aun tienes tinta y papel, aun tienes piel. Buenas noches Gabriel García Márquez, recibe un beso, tal vez el de la medianoche, de una noche que se despide al son de las mañanitas. Aché.


jueves, 30 de enero de 2014

Por si las flies

Durante la presentación del proyecto del Home Port de Puerto Peñasco
el día miércoles, 29 de enero del 2014 casi al mediodía. 

sábado, 4 de enero de 2014

25 Aniversario Luctuoso de Juan Carlos Preciado Galaz (1969-1989)

Hace 25 años falleció Juan Carlos Preciado Galaz a la edad de 19 años, su recuerdo en mi corazón, memoria y vida siguen intactos; su partida fue una fuerte sacudida en mi vida, tanto que a veces no me puedo explicar cómo es que pude salir de esa impresión teniendo apenas 18 años de edad; otras veces me queda muy claro, gracias a la solidaridad de tantos seres humanos que en esos momentos son instrumentos y se desempeñan como ángeles en la tierra, hogares que me abrieron las puertas para que no pasara los días en casa donde estaba todo el recuerdo vivo de Juan Carlos. Recuerdo los días del 3 al 8 de enero de 1989, pero después de esas fechas los primeros años siguientes se me pierden en mi memoria y siento grandes confusiones, solamente intenté seguir, caminar, aferrarme, buscar, estudiar, meditar, trabajar, dormir, todo lo que me llevara a continuar viviendo. En mi camino aparecieron nuevos rostros, amigos, cariños entrañables, seres especiales que me ayudaron a seguir siempre; proyectos religiosos, de trabajo, de estudios, grandes retos que me hacían sentir que valía la pena continuar. Algo pasa entre los humanos cuando alguien se siente perdido, se activan mentes, corazones, situaciones, se activan sentimientos ocultos capaces de alimentar energéticamente a alguien que está apagado, en esa ocasión, fue a mí. Tengo una lista escrita y precisa en mi corazón de personas que toleraron mi tristeza, mi descontrol, mi desarmonía, personas que supieron permanecer a pesar de ser yo muchas veces una persona no grata, que no encajaba en lo común, supieron estar ahí; esa lista está impresa con letras de oro en mi vida, están para la eternidad en ese estado inolvidable. De las demás personas que no pudieron seguir, estar, no pudieron tener compasión de mi tristeza, de ellas no me acuerdo, no sé si existieron ni cómo se comportaron ni lo que hablaron; cada quien refleja lo que trae en su interior cuando se enfrenta ante situaciones adversas de los demás seres humanos.

Después de conocer ese rostro de la muerte, ese rostro que te quita a un joven lleno de brío y proyectos mutuos (maletas hechas, boletos de avión, escuelas pagadas, pasaportes visados, calendario establecido, secretos compartidos), tras comprender que la vida es eso, he podido asimilar con más entereza las partidas que han seguido desde entonces; guardando siempre un dolor infinito y perene por los seres que son entrañables en mi vida, comprendí que la línea que divide la vida y la muerte es apenas tangible y que en un pestañear de ojos muere todo para nacer de nuevo todo. Aprendí a no buscar consuelo sino a saber vivir con lo que tenemos, con el dolor y la alegría, no me quedó otra salida masque ser valiente y enfrentar las situaciones de frente; entre tantas respuestas buscadas y respuestas obtenidas, se crece de alguna forma, porque es decisión personal lograrlo.

El extrañar físicamente a una persona es lo terrible, las personas te hablan de dios y del más allá con una facilidad que sorprende: “él ya está en el cielo, ya descansa en paz, hasta ahí tenía su raya, es la voluntad de dios, déjalo descansar, no le llores, no lo invoques, no lo menciones, déjalo ir, acepta, resígnate, fíjate en el dolor de su madre, no llores enfrente de tu mamá…”; todas las frases me retumban en mi mente, pero recuerdo más esos abrazos largos, esos llantos compartidos, esa compañía que desahoga, ese silencio oblativo, esa melodía precisa, esa mirada amorosa, esas manos extendidas, esas bienvenidas largas, esas despedidas cortas. La partida de tu ser querido, de tu amigo, es eso, es tuyo, es tu dolor, tu angustia, el tú saber por qué sufres, es algo entre dos.

La vida continua, ya han pasado 25 años, ha sido una carrera larga, una vida plena, porque cuando las personas mueren uno aprende el valor de la vida, aprende a amar la vida, a amar a los tuyos con más fuerza que nunca, aprendes a no lastimar a los demás, a cuidar de los seres vivos (animales, plantas), a no hacerte daño, a cuidar que no te pase nada para que nadie sufra tu pérdida voluntaria; ya han pasado más años de los que vivió Juan Carlos en esta vida, algunos seres aun rumoran recuerdos, algunas voces aun inventan, pero uno tiene su propia historia, uno sabe de su vida y muy claramente. Las adversidades obligan a ir eligiendo otros caminos, a cambiar de aires cuando están contaminados, a buscar los mejores seres para convivir a diario, las adversidades te obligan a buscar a pulso la felicidad, pero la felicidad basada en lo intangible, en el amor, la lealtad, la construcción, el trabajo, la creación; no en lo material, eso se da por añadidura, pero no es el fin que se debe de perseguir, porque mis seres que se han ido de este mundo no se han llevado nada, pero sí se han llevado mi cariño, mi amor incondicional, de eso estoy segura. Sé que de alguna forma eso lo sentirán para la eternidad en sus almas. Sé que Juan Carlos lleva en su viaje eterno mi amistad que lo hizo sentir tan especial; lo demás es parte de nuestra historia juntos.

Creo firmemente que estamos en esta vida prestada para crecer en nuestro interior, en el alma, en esa luz que Dios en su grandeza nos enciende y nos hace diferente a todas las demás especies; creo que tenemos esa oportunidad, esa es la prioridad, crecer como humanos, engrandecer nuestros espíritu y ser lo más que podamos en esa alma que tenemos resguardada en nuestro ser. Somos mucho más que materia. Es por eso que hay temas que siempre nos hacen reflexionar, buscar, siempre tratar de trascender y elevarnos un poco más a la vez. Por eso les comparto lo siguiente en este día tan especial para mi vida, en este día de profunda reflexión acerca de la vida y la muerte:

El pasado 30 de diciembre falleció Karla Yescas, una mujer preciosa de 45 años, falleció víctima del cáncer en plenitud de su vida; Karla es de Caborca, vivía en Estados Unidos, casada y con cuatro hijos; cuando me enteré de su partida, de su conciencia de estar dejando este mundo, a sus hijos aun tan jóvenes, tan niños, sentí una gran desolación por esa historia de amor; no puede atinar a otra cosa masque a rezar, a hacer oración, a tratar de abrazar a la distancia a seres que no conoces como conociste a Karla cuando era una adolescente, una jovencita tan bella. Ayer entré a su Facebook y encontré una carta que le escribió su esposo a Karla, en ella, ayer por la noche, aprecié un amor tan grande, encontré tantas respuestas, tanto que aprender de Karla, de su esposo, su mamá y sus hijos que quiero, con mucho cariño, con un gran respeto, compartirlo con todos ustedes que han decidido tener esta tarde de reflexión, meditación e introversión junto conmigo. Quiero que la partida de Karla nos haga crecer como seres de luz, como hijos de Dios. Todos somos parte de todos. Gracias. Aché.

***
Para una maravillosa mujer, hija, esposa, madre y amiga
El Cáncer es visto por mucha gente como una de las peores cosas que podría pasarle a una persona. Las razones son más que evidentes, pues el cáncer es en verdad una enfermedad terrible, que trae consigo incesante sufrimiento tanto físico como emocional. Así que hasta no hace mucho tiempo yo también veía lo mismo que esas gentes.
Pero cuando esa persona ofrece con Amor a Dios su sufrimiento y su dolor para que sus seres queridos estén bien, y pide para que otras personas no padezcan el mismo sufrimiento, las cosas toman un rumbo completamente distinto. Es interesante como este ofrecimiento se asemeja a lo que alguien llamado Jesús hizo por nosotros hace algunos 2000 años, y nos muestra con tal claridad, el camino de la Redención, si solamente sabemos abrir nuestro corazón a ese sufrimiento. Fuiste capaz de ofrecer tu sufrimiento con tal amor a Dios, que los frutos de ese continuo acto se ven reflejados en mi persona, nuestros hijos, tu madre, tu hermano y el gran número de familiares y amigos a los que de alguna forma tu sufrimiento ha tocado su corazón.
Hoy gracias a ti y a tu sacrificio, nuestros cuatro hijos son y serán por siempre mejores personas. Su capacidad de amar, su madurez y su valentía no dejan de asombrarme. Estoy, y sé que tú también, inmensamente orgulloso de ellos. Hoy en día no sé qué sería de mí, sin su gran amor y apoyo. He compartido contigo la gracia de formar una hermosa familia, y aun cuando no estés más físicamente presente con nosotros, nuestros hijos y yo sabemos que tu presencia y tu esencia estará siempre con nosotros.
Luchaste hasta el fin aun cuando en más de una ocasión el pronóstico médico no fuera favorable. Venciste inclusive en una ocasión ese pronóstico adverso gracias a tu gran Fe e inquebrantable voluntad. Tu gran amor a Dios jamás te permitió alguna queja contra Él. Aceptaste siempre su Voluntad y solo en tus momentos finales de agonía preguntabas si Dios te habría abandonado. Jesucristo en su agonía preguntó también lo mismo al Padre. Hoy con Él, estás junto a Dios Padre gozando de su Gloria.
A nuestros familiares y amigos agradecemos infinitamente todo su apoyo, sus oraciones y ayuda incondicional que nos brindaron durante todo este trayecto. Estaremos siempre en deuda con ustedes.
Quiero antes de terminar, dedicar unas palabras para tu madre, a la cual amaste infinitamente. Su amor, devoción y cuidado por ti me conmovió en más de una ocasión. No hay palabras para consolar el dolor de una madre que ha perdido a su hija, pero quiero decir que esto es más que palabras. Son hechos y testimonio viviente de cómo cada persona a la que tu sufrimiento haya tocado, es ahora una mejor persona. Que tu sacrificio y el inmenso amor que siempre nos demostraste, en conjunto con nuestra Fe y amor a Dios, nos ayude a tu madre y a todos tus seres queridos a encontrar alivio a nuestras almas que hoy comparten el dolor de verte partir. Hoy honramos tu muerte y tu sufrimiento, y celebramos tu vida y tu eterna existencia entre nosotros.

Tu amado esposo

Alfredo




Hace 25 años falleció Juan Carlos Preciado Galaz a la edad de 19 años

Hace 25 años falleció Juan Carlos Preciado Galaz a la edad de 19 años, su recuerdo en mi corazón, memoria y vida siguen intactos; su partida fue una fuerte sacudida en mi vida, tanto que a veces no me puedo explicar cómo es que pude salir de esa impresión teniendo apenas 18 años de edad; otras veces me queda muy claro, gracias a la solidaridad de tantos seres humanos que en esos momentos son instrumentos y se desempeñan como ángeles en la tierra, hogares que me abrieron las puertas para que no pasara los días en casa donde estaba todo el recuerdo vivo de Juan Carlos. Recuerdo los días del 3 al 8 de enero de 1989, pero después de esas fechas los primeros años siguientes se me pierden en mi memoria y siento grandes confusiones, solamente intenté seguir, caminar, aferrarme, buscar, estudiar, meditar, trabajar, dormir, todo lo que me llevara a continuar viviendo. En mi camino aparecieron nuevos rostros, amigos, cariños entrañables, seres especiales que me ayudaron a seguir siempre; proyectos religiosos, de trabajo, de estudios, grandes retos que me hacían sentir que valía la pena continuar. Algo pasa entre los humanos cuando alguien se siente perdido, se activan mentes, corazones, situaciones, se activan sentimientos ocultos capaces de alimentar energéticamente a alguien que está apagado, en esa ocasión, fue a mí. Tengo una lista escrita y precisa en mi corazón de personas que toleraron mi tristeza, mi descontrol, mi desarmonía, personas que supieron permanecer a pesar de ser yo muchas veces una persona no grata, que no encajaba en lo común, supieron estar ahí; esa lista está impresa con letras de oro en mi vida, están para la eternidad en ese estado inolvidable. De las demás personas que no pudieron seguir, estar, no pudieron tener compasión de mi tristeza, de ellas no me acuerdo, no sé si existieron ni cómo se comportaron ni lo que hablaron; cada quien refleja lo que trae en su interior cuando se enfrenta ante situaciones adversas de los demás seres humanos.

Después de conocer ese rostro de la muerte, ese rostro que te quita a un joven lleno de brío y proyectos mutuos (maletas hechas, boletos de avión, escuelas pagadas, pasaportes visados, calendario establecido, secretos compartidos), tras comprender que la vida es eso, he podido asimilar con más entereza las partidas que han seguido desde entonces; guardando siempre un dolor infinito y perene por los seres que son entrañables en mi vida, comprendí que la línea que divide la vida y la muerte es apenas tangible y que en un pestañear de ojos muere todo para nacer de nuevo todo. Aprendí a no buscar consuelo sino a saber vivir con lo que tenemos, con el dolor y la alegría, no me quedó otra salida masque ser valiente y enfrentar las situaciones de frente; entre tantas respuestas buscadas y respuestas obtenidas, se crece de alguna forma, porque es decisión personal lograrlo.

El extrañar físicamente a una persona es lo terrible, las personas te hablan de dios y del más allá con una facilidad que sorprende: “él ya está en el cielo, ya descansa en paz, hasta ahí tenía su raya, es la voluntad de dios, déjalo descansar, no le llores, no lo invoques, no lo menciones, déjalo ir, acepta, resígnate, fíjate en el dolor de su madre, no llores enfrente de tu mamá…”; todas las frases me retumban en mi mente, pero recuerdo más esos abrazos largos, esos llantos compartidos, esa compañía que desahoga, ese silencio oblativo, esa melodía precisa, esa mirada amorosa, esas manos extendidas, esas bienvenidas largas, esas despedidas cortas. La partida de tu ser querido, de tu amigo, es eso, es tuyo, es tu dolor, tu angustia, el tú saber por qué sufres, es algo entre dos.

La vida continua, ya han pasado 25 años, ha sido una carrera larga, una vida plena, porque cuando las personas mueren uno aprende el valor de la vida, aprende a amar la vida, a amar a los tuyos con más fuerza que nunca, aprendes a no lastimar a los demás, a cuidar de los seres vivos (animales, plantas), a no hacerte daño, a cuidar que no te pase nada para que nadie sufra tu pérdida voluntaria; ya han pasado más años de los que vivió Juan Carlos en esta vida, algunos seres aun rumoran recuerdos, algunas voces aun inventan, pero uno tiene su propia historia, uno sabe de su vida y muy claramente. Las adversidades obligan a ir eligiendo otros caminos, a cambiar de aires cuando están contaminados, a buscar los mejores seres para convivir a diario, las adversidades te obligan a buscar a pulso la felicidad, pero la felicidad basada en lo intangible, en el amor, la lealtad, la construcción, el trabajo, la creación; no en lo material, eso se da por añadidura, pero no es el fin que se debe de perseguir, porque mis seres que se han ido de este mundo no se han llevado nada, pero sí se han llevado mi cariño, mi amor incondicional, de eso estoy segura. Sé que de alguna forma eso lo sentirán para la eternidad en sus almas. Sé que Juan Carlos lleva en su viaje eterno mi amistad que lo hizo sentir tan especial; lo demás es parte de nuestra historia juntos.

Creo firmemente que estamos en esta vida prestada para crecer en nuestro interior, en el alma, en esa luz que Dios en su grandeza nos enciende y nos hace diferente a todas las demás especies; creo que tenemos esa oportunidad, esa es la prioridad, crecer como humanos, engrandecer nuestros espíritu y ser lo más que podamos en esa alma que tenemos resguardada en nuestro ser. Somos mucho más que materia. Es por eso que hay temas que siempre nos hacen reflexionar, buscar, siempre tratar de trascender y elevarnos un poco más a la vez. Por eso les comparto lo siguiente en este día tan especial para mi vida, en este día de profunda reflexión acerca de la vida y la muerte:

El pasado 30 de diciembre falleció Karla Yescas, una mujer preciosa de 45 años, falleció víctima del cáncer en plenitud de su vida; Karla es de Caborca, vivía en Estados Unidos, casada y con cuatro hijos; cuando me enteré de su partida, de su conciencia de estar dejando este mundo, a sus hijos aun tan jóvenes, tan niños, sentí una gran desolación por esa historia de amor; no puede atinar a otra cosa masque a rezar, a hacer oración, a tratar de abrazar a la distancia a seres que no conoces como conociste a Karla cuando era una adolescente, una jovencita tan bella. Ayer entré a su Facebook y encontré una carta que le escribió su esposo a Karla, en ella, ayer por la noche, aprecié un amor tan grande, encontré tantas respuestas, tanto que aprender de Karla, de su esposo, su mamá y sus hijos que quiero, con mucho cariño, con un gran respeto, compartirlo con todos ustedes que han decidido tener esta tarde de reflexión, meditación e introversión junto conmigo. Quiero que la partida de Karla nos haga crecer como seres de luz, como hijos de Dios. Todos somos parte de todos. Gracias. Aché.

***
Para una maravillosa mujer, hija, esposa, madre y amiga

El Cáncer es visto por mucha gente como una de las peores cosas que podría pasarle a una persona. Las razones son más que evidentes, pues el cáncer es en verdad una enfermedad terrible, que trae consigo incesante sufrimiento tanto físico como emocional. Así que hasta no hace mucho tiempo yo también veía lo mismo que esas gentes.
Pero cuando esa persona ofrece con Amor a Dios su sufrimiento y su dolor para que sus seres queridos estén bien, y pide para que otras personas no padezcan el mismo sufrimiento, las cosas toman un rumbo completamente distinto. Es interesante como este ofrecimiento se asemeja a lo que alguien llamado Jesús hizo por nosotros hace algunos 2000 años, y nos muestra con tal claridad, el camino de la Redención, si solamente sabemos abrir nuestro corazón a ese sufrimiento. Fuiste capaz de ofrecer tu sufrimiento con tal amor a Dios, que los frutos de ese continuo acto se ven reflejados en mi persona, nuestros hijos, tu madre, tu hermano y el gran número de familiares y amigos a los que de alguna forma tu sufrimiento ha tocado su corazón.
Hoy gracias a ti y a tu sacrificio, nuestros cuatro hijos son y serán por siempre mejores personas. Su capacidad de amar, su madurez y su valentía no dejan de asombrarme. Estoy, y sé que tú también, inmensamente orgulloso de ellos. Hoy en día no sé qué sería de mí, sin su gran amor y apoyo. He compartido contigo la gracia de formar una hermosa familia, y aun cuando no estés más físicamente presente con nosotros, nuestros hijos y yo sabemos que tu presencia y tu esencia estará siempre con nosotros.

Luchaste hasta el fin aun cuando en más de una ocasión el pronóstico médico no fuera favorable. Venciste inclusive en una ocasión ese pronóstico adverso gracias a tu gran Fe e inquebrantable voluntad. Tu gran amor a Dios jamás te permitió alguna queja contra Él. Aceptaste siempre su Voluntad y solo en tus momentos finales de agonía preguntabas si Dios te habría abandonado. Jesucristo en su agonía preguntó también lo mismo al Padre. Hoy con Él, estás junto a Dios Padre gozando de su Gloria.
A nuestros familiares y amigos agradecemos infinitamente todo su apoyo, sus oraciones y ayuda incondicional que nos brindaron durante todo este trayecto. Estaremos siempre en deuda con ustedes.

Quiero antes de terminar, dedicar unas palabras para tu madre, a la cual amaste infinitamente. Su amor, devoción y cuidado por ti me conmovió en más de una ocasión. No hay palabras para consolar el dolor de una madre que ha perdido a su hija, pero quiero decir que esto es más que palabras. Son hechos y testimonio viviente de cómo cada persona a la que tu sufrimiento haya tocado, es ahora una mejor persona. Que tu sacrificio y el inmenso amor que siempre nos demostraste, en conjunto con nuestra Fe y amor a Dios, nos ayude a tu madre y a todos tus seres queridos a encontrar alivio a nuestras almas que hoy comparten el dolor de verte partir. Hoy honramos tu muerte y tu sufrimiento, y celebramos tu vida y tu eterna existencia entre nosotros.
Tu amado esposo
Alfredo

viernes, 22 de noviembre de 2013

Lo que nos espera

Ya cesó el agua del Cielo, después de 20 horas de lluvia esta Tierra se sabe diferente; las semillas ya estaban sembradas desde hace tiempo, nos espera una primavera radiante entonces.

Lo que nos espera

Ya cesó el agua del Cielo, después de 20 horas de lluvia esta Tierra se sabe diferente; las semillas ya estaban sembradas desde hace tiempo, nos espera una primavera radiante entonces.

El Cielo trae otros planes

De lluvia y sus milagros. El secreto está en no embarcarse y decir adiós para siempre. Recordemos que el Diluvio empezó con su primer día. Las historias se repiten, los videntes existen, el realismo mágico perdura. Pero tiempos traen tiempos y si esto se convierte en un solo mar habremos de sortearnos en una moto de agua ;) Empiezo a sospechar que el Cielo trae otros planes.

El Cielo se encarga de los demás

Llegan los siempre prometidos vientos del norte. Algo bueno habrán de traer, de seguro un próximo jueves nombrado día de gracias.
El mar está revuelto, los peces saben que al amanecer serán ganancia de pescadores, por eso se dejan llevar por la corriente. El universo se esconde detrás de las tímidas e iluminadas nubes. Los que cuidamos de la noche vemos con más claridad. El Cielo se encarga de los demás.
Buenas noches (1:40 a.m.).

jueves, 25 de abril de 2013

Hace años




Hace años que fui mordida por uno de los animales más venenosos del mundo, desde entonces -y para siempre- soy inmune a cualquier veneno, incluso, al que emanan de sus bocas y transpiran por sus poros las peores bestias que habitan este desierto; por cierto, el más peligroso de los cinco continentes. 
Viernes, 19 de abril 2013. Al mediodía.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Y nos dijo Alex Rivera



Y nos dijo Alex Rivera (en inglés y español) que en Puerto Peñasco tenemos otro nivel de Conciencia y somos especiales; nosotros, pues, así nos creemos las palabras cuando vienen de un cineasta de verdad. Yo, con mi blusa de mariposa negra me confeccioné mentalmente para lo que sigue... por la emoción de lo que vivimos en el Centro de Visitantes "Schuk Toak" y la respuesta del desierto y sus jóvenes. 


Los demás tomaron imágenes para sus memorias. Buena jornada. Gracias a Alex Rivera por compartir su inteligencia y poderes, así se los digo, así lo sabemos todos.

Los caminos se siguen abriendo. 

Foto: Ariel González. [Viernes, 15 de febrero 2013. A las 6 pasadas de la tarde] 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Señales sencillas


Señales sencillas


Por Nina Mier


Fue un sábado, por día 27 de septiembre pero del 2008; eran las 7 a.m., nos habíamos levantado a las 6 de la mañana a preparar todo, a prepararme en todo lo necesario para una cirugía. Llegó Silvia, un ángel urbano por decirle de alguna manera, se encargaría de cuidar a Salomón mientras nosotros, Socorro y yo, permanecíamos en la Clínica.

Llegó el taxi, ya con nueve meses de embarazo, pensando y apostando que mi hija nacería el 7 de octubre, había llegado el día indicado por el más valioso de los ginecólogos, el Dr. José Antonio Javalera; un día anterior llegué a la cita obligada a su consultorio, le digo a la enfermera: “No me peses, no quiero saber nada de eso, no me tomes la presión, no quiero nada ya”, me observa y no me dice nada, pero sí se lo dice al doctor.

Cuando llego a revisión, se me queda viendo Javalera y me dice: “Algo no anda bien Nina, ya no es buena señal que no quieras nada”; me sube al sillón y empieza el ultrasonido, semanas antes se había detectado que Rut venía con dos vueltas del cordón umbilical en el cuello, aun así nada parecía anormal dentro de los parámetros de la ecografía en 3D. “Quiero que te vayas a internar ahora mismo a la Clínica Santa María, les daré la orden, quiero que te preparen para intervenirte con una cesárea mañana a primera hora”.

“No me internaré ahora, lo haré en la mañana, tenemos cosas pendientes por hacer aún”; se me quedó viendo no muy convencido pero nos fuimos advertidos de que si me sentía más mal me fuera de inmediato a la clínica. Socorro y yo sabíamos que podía pasar algo muy grave por una lamentable situación que habíamos vivido un par de meses antes, para ser exactos el 8 de julio, pero habíamos guardado sigilosos el infortunio con el fin de enfocar toda nuestra energía y oración en que mi hija y yo saliéramos libradas en el final del embarazo y el parto.


Nudo verdadero
Recientemente, hace unos días me puse a investigar en el internet acerca de este nudo que aparece en el cordón umbilical, cada vez que me internaba en los comentarios, las anécdotas, las explicaciones clínicas, las estadísticas… cada vez me sorprendía más. Al principio, leí un foro donde decenas de mamás platicaban experiencias que ellas vivieron o conocidas respecto a este nudo que hasta hace poco desconocía el término real para nombrar un nudo en el cordón; el caso es que contabilicé, llevaba 12 casos leídos y solamente un bebé había sobrevivido en el parto, los otros 11 bebés habían nacido muertos. Me alarmé, compartí lecturas con Socorro y seguí indagando al respecto, algo que no había hecho en cuatro años por marcar una distancia de aquellos días.

Una mañana calurosa
Me recuerdo subiendo con dificultad al taxi, ataviada con una bata, unas pantuflas grises y el calor asomándose por la ventana. Recorrí con mi vista las casas cuando íbamos rumbo a la Clínica, Socorro se sentó en el asiento de enfrente, eso me permitía verle su rostro por el retrovisor, su mirada se extraviaba entre los destellos que daba el sol al moverse el taxi por la ciudad; a veces, el carro caía en un bache y por no traer amortiguadores sentía el golpe al final de mi columna; me dolía el cuerpo, todo, no sabía dónde, porque me dolía el alma debo de confesar.

Llegamos, mi comadre Bárbara Pesqueira nos esperaba, no salía más nadie, tardamos unos 10 minutos en espera; salió un joven enfermero, Socorro le entregó la orden para internarme y de que me empezara a preparar para la cesárea. Caminamos el pasillo, en el cuarto del fondo nos instalamos. “¿Cómo te llamas?”, le dije al enfermero; “Víctor”, me dijo… “Ah, se llama como tu hermano Socorro, eso es algo bueno”. Socorro andaba sacando las cosas de la maleta. “Se tiene que quitar todo, le tengo que vendar las piernas, canalizarla, hacer todo antes de que lleguen los doctores porque en unos minutos entra al quirófano”, me dijo apresurado el enfermero. “¿Tan pronto?”…

A los minutos estaba acostada, intentaban canalizarme –nunca me encuentran las venas luego luego-, ya me habían vendado las dos piernas y mi comadre me observaba desde el sillón con su embarazo también muy avanzado. Llegó al cuarto el Dr. Perea Ruelas, me dio la bienvenida a la clínica y me dijo que él también estaría en el quirófano porque el Dr. Javalera andaba muy estresado con mi cesárea. Me quedé pensando un rato y me sonreí; también me dijo que estarían otros dos doctores: anestesiólogo, pediatra, además de los asistentes. Se fue.

“Socorro, ven, creo que algo anda tenso entre los doctores, por favor, diles, creo que es hora que les platiques lo que vivimos hace un par de meses, que lo sepan por cualquier cosa”, apenas terminaba de decirle cuando la camilla entró al cuarto. “Me puedo ir caminando, no tiene sentido que me suban ahí, no hay problema, puedo resolver esto de ir canalizada”; Socorro se adelanta y ya me reciben los doctores en un cuarto previo, en especial la mirada del pediatra, me contuve, seguí, tienes que dar un paso alto antes de entrar, todo lo hice bien. El quirófano me esperaba, afuera se quedaba todo, adentro la lámpara y el movimiento perfecto de cada doctor, enfermeros y asistentes.

El Dr. José Antonio Javalera, tan joven, pero tan firme, ahí estaba frente a un gran reto esa mañana, lo sabía. Ambos lo sabíamos. Socorro entró ataviado de azul contra las infecciones, el anestesiólogo se equivocó, algo salió mal, estaba mal canalizada, me pusieron la raquea perfectamente pero no entraba otra sustancia por la vena que tenía que estabilizar algo, el caso es que me sentí desvanecer; los doctores se pegaron a las paredes y yo acostada boca arriba con ambos brazos abiertos a los lados veía dar vuelta al anestesiólogo de un lado a otro, desesperado con mis venas. Socorro tuvo que salir por aire. “Ya no veo doctor, está todo negro”… “Un momento, un momento”, me decía el doctor que iba y venía de un brazo a otro. “Ya, ya quedó, ¿cómo te sientes?”.

Me sentía un poco mejor, pero no del todo, pero no dije nada. La cortina que ponen para separarte de los doctores no era tan alta, entonces, veía cómo hacían las labores. Socorro entró, me miró y se puso a los pies para ser testigo; habíamos acordado, como con Salomón que nada de fotos, nada de cámaras, solamente nuestros ojos. Así fue. Javalera contaba chistes, platicaba con Perea, ahí tenía a los dos ginecólogos más solicitados en la región, ahí estaban frente a mí; eso no era bueno para mí, pero me dejé llevar, confié.

El momento perfecto
Empezó Javalera a cortar las capas de mi piel, imagino que siguiendo mi primera cesárea, entonces se detiene, hace una breve oración: “que tus manos sean mis manos”… segundos después, exclama sin ánimos de asustar: “lo sabía, por eso nunca dejaré de creer en las señales, lo sabía”. No quise saber qué, Rut lloró, me la enseñaron, nunca pensé que nacería tan bella, eso dije cuando la vi: “qué bonita”, sonreí. Pero me empecé a sentir un poco mal. Se la llevaron, me siguieron haciendo lo conducente, pero los doctores hablaban entre sí cosas que hasta ahora entiendo. Le avisaron a Socorro que la niña traía un NUDO en el cordón umbilical, el pediatra le dijo que eran casos muy aislados, que el promedio es de cada 2 millones de nacimientos uno viene con ese nudo verdadero, porque hay nudos falsos.

Entonces desperté en el cuarto, muy atarantada por la raquea y por la morfina que me habían puesto para evitar cualquier situación, no sentí nunca ningún dolor pero mi estómago no podía más. Me dicen del nudo, “¿le tomaron fotos? Que me lo guarden en formol”. Socorro no traía cámara, mi comadre Bárbara le tomó con su celular al nudo aun con la placenta; no lo pudieron guardar porque salubridad no lo permite. Cuando me llevaban al cuarto vi a mi mamá en el pasillo, a la Elsa Romero… mi comadre seguía ahí; durante el día recibimos visitas: Denise López, Susy Mazón, Josué Ellis, Nyllirma y Alfonso, Amaranto… algunas fotos, palabras, regalos, pero no podía recuperarme. Cuando me sentía un poco bien era para darle pecho a Rut. Era la morfina queriendo salir de mi cuerpo.

Salomón llegó por la tarde, le dio fiebre en casa porque no estábamos con él, se alivió al vernos. Dejamos la clínica el domingo por la tarde; dejamos atrás una experiencia de vida. Pero nos llevamos a casa el milagro de Dios en nuestras vidas. Hoy más que nunca, al saber lo que es este NUDO VERDADERO lo sé con más certeza; hoy jueves, 27 de septiembre del 2012 mi hija Rut Emmanuelle (nombres que en hebreo significan “amiga, Dios está con nosotros”) cumple 4 años de nacida, lo celebro en grande y en la inmensidad, más ahora que supe lo que pudo haber pasado. Los ultrasonidos nunca detectaron ese nudo, es muy difícil hacerlo, pero el ginecólogo, mi querido Javalera, le dio rienda suelta a su corazonada, vio algo más allá en señales tan sencillas como no quererme subir a la balanza, como no querer nada. El doctor se detuvo, por noción, por instinto en mi mirada de aquel viernes, 26 de septiembre, en aquella cita que en casa le había dicho a Socorro que no quería ir, que quería posponerla para la siguiente semana, pero la historia fue otra.

Reflexión
Les comparto esta experiencia, con el fin de dar a conocer los riesgos que se corren en cada embarazo, más cuando recibes una noticia o un impacto con una gestación tan avanzado; efectivamente, Rut, se enredó ese 8 de julio, pero también hizo un nudo con sus movimientos mientras yo no podía controlarme anímicamente. De aquí, mis queridos lectores, los dejo, porque me tengo que entregar a una oración constante de agradecimiento a nuestro Padre Dios porque nos consideró dignos de este milagro de amor.

Feliz cumpleaños Rut Emmanuelle, mi compañerita, mi hija tan querida.

martes, 11 de septiembre de 2012

80 días


Alrededor de 80 días de lluvia consecutiva en Sonora, en sus desiertos, en sus matorrales; entonces, en dos meses, estas tierras serán como bosques, se llenarán de verdes pastos, por lo tanto, la próxima primavera será sublime y diferente. ¿Habremos de viajar a los ahora bosques para encontrar nuestro desierto entonces? Estamos llenos de agua, estamos llenos de vida, corazones que siguen latiendo en esa promesa que gota a gota permanece cayendo. Bienvenida la vuelta de la historia, bienvenido el tiempo correcto y las pinturas que nacen constantes en ellas. Nuestras pupilas volverán a la paleta de colores por unos tiempos, los monocromáticos podrán esperar como siempre. Que siga lloviendo, total, el mundo entero estamos preparados para todo porque nadie sabe nada, ni siquiera el que tiene siempre la última palabra. Secreto convertido en misterio, misterio que revela lo que nos importa entender: Vida que se repite por doquier. 

Esto esperaban siempre nuestros antepasados, perpetuamente estaban viendo al Cielo, día y noche esperando respuestas, anhelando las estrellas fugaces y  las lluvias. Ahora las tenemos, aprovechemos. 

11:45 p.m. 10 de septiembre 2012




miércoles, 29 de agosto de 2012

El árbol de ayer



El árbol de ayer*

Por Nina Mier
Miércoles, 29 de agosto 2012

Salí después de todos para abrazar un árbol y que me tomara Socorro la foto del recuerdo, mi blusa se manchó por la cal del gordo tronco que abracé, del otro lado lo abrazó Ana Karina y aun así no lo abarcamos, para mí fue simbólico, no podemos cubrir todo ni aun a cuatro brazos. El tema después fue mi vieja blusa ensuciada que con tantos avatares de la vida misma,  ya por más que sacudas no se quita lo plasmado en ella, pues aun así Socorro y Ana Karina se empeñaron en desmancharla  para que yo ingresara limpia al salón de clases; pero las “manchas” no se quitan sacudiendo, aun con todas las fuerzas, así como en la tela se pega lo que contiene lo que abrazas, así se pega en el corazón lo que se fue.
Claro, el tronco, el título de “Los árboles mueren de pie” de Alejandro Casona  vino a mi mente, tras ello mi padre, recordé la canción que me cantaba de niña, inclusive aun en sus tres días de agonía, porque siempre fui su niña… “yo soy el árbol conmovido y triste, tú eres la niña que mi tronco hirió, yo guardo siempre tu querido nombre y tú ¿qué has hecho de mi pobre flor?”… y así con esa nostalgia le pedí a Carlos que pusiera la canción, al son de ella, de la voz de Compay Segundo empecé a disfrutar de los rostros de todos ustedes, de todas sus manos que se movían contando historias, de sus matices y semblantes, de todo lo que se respira mientas el arte fluye; entonces, Marissa voltea con su cara triste, me ve mientras unas lágrimas se asoman tímidas por sus ojos, mientras sus labios tiemblan, vibrando de emoción, me dice: “Yo no puedo seguir escribiendo, no puedo, no es para tanto, no sé si podré leerlo mañana, que simple soy, si son tan sólo palabras …”.
Mentras ella me decía, en su rostro recordaba un poema que escribí justo cuando papá murió, unos días después, en segundo plano mi pensamiento absorto pensando dónde quedó ese poema dedicado al árbol que dio raíces para que yo fuera otro tronco fértil, como un roble, como esos árboles que mueren de pie. De pronto, por estar entre el sentimiento tan honesto de Marissa, entre mi recuerdo doloso, entre el fondo musical con el tema de mi vida y mi padre, no supe masque decirle a Carlos que apoyara a Marissa y  a sus manos que se retiraban de su computadora,  desistiendo de seguir escribiendo porque se había apoderado de ella su propia historia. Es la literatura, ella es así, nos aborda pero nos deja solos frente a un universo creado por nuestra memoria.
Entonces, pensé en este texto que escribo y en el poema de aquellos días, el cual busqué y encontré con la imagen de un árbol. Con profundo sentir se los comparto, aunque frases cortas, en ese día no había más que decir.


Me partí,
            se desmoronó la parte
                        lo sentí morir
                                        caer
                                   pedir perdón
¿a dónde se fue el tiempo?
¿a dónde me fui yo?
                        me quedé pensando
                                   quebrándome
                        balanceando mi soledad
¿dónde están todos?
¿dónde estás papá?
                        soy un árbol             sin raíces
                                                                       sin frutos
                                                                       ni sombra
                        soy casi la nada y el silencio
                        soy dolor
¿y dónde está Dios?
¿dónde cabe Él en todo esto?
            una cruz
            un beso
            un gracias papá…
            y llegó la espada
            me atravesó el costado
                                                                       y salió            vinagre
                                                                                              yodo
                                                                                              cáncer
                                                                       y un poco de misericordia

llegó el abismo
me dejé ir
y aquí estoy
y aquí sigo
                        cayendo
                        cayendo
                        cayendo
                                                                                 





Viñeta por  Socorro González Barajas
(7 de enero 2003. Año de dolores profundos y el agua abundante)


*Ejercicio de narración para el Taller de Escritura Creativa impartido por Carlos Sánchez del 27 al 31 de agosto del 2012 en Puerto Peñasco, Sonora. MÉXICO. 


martes, 24 de julio de 2012

domingo, 8 de julio de 2012

Ocho de julio 2012: Ya pasaron cuatro años


Por la madrugada llegó Salomón a acostarse a nuestra cama, entonces, Chonono quiso salir a sus “necesidades”, Socorro con toda su paciencia y cariño se levantó a sacarlo al patio. Yo temía despertarme este día, hay días marcados en nuestras existencias, esta fecha es una de ellas en esta pequeña familia. No quería salir hoy, pero hubo que ir al rancho, nos fuimos a las nueve de la mañana, llegamos, los niños corrieron a los destrozados y viejos tractores del abuelo, es lo que les queda de él, de ese abuelo cubano que no conocieron pero que lo traen en la sangre; no les importó el calor, jugaron, se cambiaron de un tractor a otro, gritaron, corrieron. Así es el rancho, así me gusta verlos. Nos regresamos, llegamos a las dos de la tarde pasadas. Me acosté a dormir, no quería saber nada, menos de México y sus resultados electorales.

Me duele el cuerpo, he somatizado lo vivido estos días, siete días, donde ya toda la crónica anunciada transcurrió tal cual, pusieron cortinas de humo: el huevo, demencia senil de García Márquez, la boda de Derbez… no bastó para nadie, ahí fueron muchos, miles, a la Marcha  07-07, tampoco de nada sirve, pero por lo menos gritan. Me duele el cuerpo, me duelen las coyunturas, los huesos, la piel, me duele la mente, mis ojos, mis dedos, me duelen ellos, los que se venden, los que son tan ignorantes, los que me dicen pendeja, me duele esto, me duelen los que ya se derrumbaron, me duelen los que están de pie, me duelen los que saben y los que desconocen. El domingo se fueron sueños, se fueron consignas, se fueron protestas, se fueron verdades.

El domingo se fue un sueño de mis manos, uno en particular,  el de seguir con un fulgor, con ánimo, con empeño, con estar con uno de los grandes líderes de fomento a la cultura y las artes aquí donde hoy vivo (Puerto Peñasco), el sueño de que Guillermo Munro estuviera al frente de la dirección cultural, ya no más… se perdió con el idealismo nacional. Así se pierde en lo profundo, así se pierde luchando. Por eso, me duele el cuerpo, porque se pega al alma, porque ahí habita el espíritu. Estoy en depresión post electoral, me imagino que saldré adelante en unos días. Llegué cansada y lista para celebrar el primero de julio, primero de julio me dijo que no tajantemente y me regresó por donde llegué.

Así, entre recuerdos duros del pasado (un día como hoy pero del 2008), un presente incierto, un día bello, una noche de amor plena, sigo por el sendero, sigo caminando con una sonrisa, con la frente en alto, con la mirada fija, con dolor, pero así, con lo que soy y con lo que estoy preparada para enfrentar. Siempre habrá un mejor día por venir, los niños juegan y gritan consignas que escuchan en los videos que veo todo el día en youtube. Eso es bueno, estamos en el camino, es lo que importa, pobres los que aun están fuera de él.

Mi hija Rut es muy necia, eso me hace sonreír; mi hijo es muy divertido, eso me hace mantenerme; mi esposo es encantador, eso me hace permanecer. Mi vida me magnetiza, eso me hace luchar así, por esto, por ellos, por todos, por mí (como el juego del "bote robado" pero ahora en un "país robado").

Me imagino que esta semana saldré de esta depresión post electoral que he vivido plenamente, que he padecido hasta llorar inconsolablemente, después sentir mucha rabia, otras veces impotencia. He sabido padecer a la altura de las circunstancias, eso me hace sentirme más fuerte. Sigo en lo dicho, sigo en lo inconforme, pero sigo. Ha sido largo el camino, pero aun falta, esto no termina. Estaré lista en un par de semanas para seguir en lo mío, para fraguar proyectos culturales y ejecutarlos con ahínco y pasión; es lo propio de mi existencia. Días de familia, días de cariño y voluntad; gracias por su cobijo.   

© "Rut Emmanuelle en la tormenta". Fotografía por Socorro González Barajas


martes, 3 de julio de 2012

Tres de julio 2012: Liberando mis voces.

Camino por el pasillo, es martes tres de julio al mediodía, estoy en casa, mi madre me habla y se despide porque va de viaje a las Bahamas. Mi hijo hace cuentas y dibuja sin parar. Terminé de escuchar a López Obrador defender mi voto, lo amo por eso, porque cree en mí y en millones más; está cansado pero lleno de sabiduría, de pronto se convierte en mi héroe, no me importa lo que piensen los demás sino solamente lo que sentimos AMLO y yo, nos hicimos un corazón. "Por dignidad seguimos", me escribió en un correo de yahoo mi amiga Isela Vega en la mañana; "no morrita, no desmallemos por favor, seguiremos siempre, acá andamos partiéndonos la madre, hay que seguir", me escribió por mensaje de hotmail Carlos Sánchez que se fue a México a unirse, a estar mandando misivas con la crónica del sentir, en esta ocasión del grupo #YoSoy132. De mis amigos del Facebook no sé nada porque me di de baja temporal, regresaré a esta red social hasta el primero de agosto; no soporto a los defensores de EPN, no me molestan los de JVM.

Afuera caen algunas gotas, esto sí es noticia, que llovizne en Puerto Peñasco, por años no cae agua del Cielo, tal vez ahora llora junto conmigo por lo que pasó el primero de julio; el Cielo sabe muchas cosas, tal vez se une a mi dolor; también el Cielo sabe que soy una Guerrera de Luz como me dice mi amiga Carmina, que no sé de dónde viene el término pero suena bien. Honro a mi padre, a mi abuelo, a mi tía Rosa, honro a mi pasado de los Mier, soy eso, soy ellos, y hoy, sigo viendo injusticia y un camino cerrado por la oligarquía; pero reacciono y me sumo a lo que creo, el domingo me vi unida -por ir tan de izquierda-, en lo local, me topé con la derecha y luché por ese proyecto que lo vi muy ciudadano, también no ganó. Ganaron otros intereses, iguales a los otros. 


El dos de julio lloré, no por mí, sino porque vi llorar a los que lucharon porque AMLO ganara las elecciones, muchos se desvanecieron en sus comentarios en el facebook, se agotaron mentalmente, y yo, me dediqué a levantar sus corazones, a abrazarlos a la distancia, a ayudarlos a mantenerse de pie. Son dos Méxicos, somos dos naciones -y ambas son muy distintas-. Yo soy de la primera y ahí me quedaré. 

Es la 1:29 p.m., ya no caen gotas, hace viento, el mar se escucha perfectamente y está embravecido. Puerto Peñasco perdió el dos de julio la oportunidad de florecer en la Cultura, en las Artes, teníamos al mejor postor, ya no; los talentos volverán al limbo, se había logrado sacarlos un poco de ahí, faltaba mucho por hacer y estaba el tiempo ideal para lograrlo, teníamos la mejor propuesta, Guillermo Munro Palacio al frente. No se logró, por lo mismo que pasó a nivel nacional se proyectó a nivel local, tal cual y tal cual como se comprobará en unos días para bien de la historia. AMLO defiende mi voto que di por él. Eso ayudará a mi voto azul que di en lo local. ¡Sí señor!

Hoy recogimos una caja de uvas cuando íbamos a dejar a Rut a la guardería, las mandó mi mamá de Caborca; riquísimas, muy buenas. Le mandé unas pocas a Beatriz, jefa inmediata de Socorro, hay que compartir, porque también compartimos penas y sinsabores. Me mandó decir Alan Munro hoy por la mañana que quiere que esté bien, que "perdimos una batalla solamente", a lo que le añado, "pero no la guerra".

Mi celular dice "batería baja", así me siento también, a pesar de todos los pendientes y proyectos, me tomé unas vacaciones imaginarias, esta tarde volaré para Cuba con mis pensamientos y estaré con mi tía Rosa en la Plaza a la Revolución, escucharé tambores, oleré el ron y el tabaco, tendré más calor que el habitual pero seré feliz. A las tres salimos por Rut y Socorro; Salomón y el Chonono hacen que les vuelen los pelos con el aire caliente, abren las ventanas del viejo Atos, lo que hago, los veo por el retrovisor y emito una oración por sentir tanta felicidad y libertad. Al regresar pondré a recargar la batería del teléfono otra vez y estaré esperando la llamada, ¿cual? No lo sé, pero debo de estar lista para ese momento. Lo estoy.

Ya es tres de julio y es martes, estoy liberando mis voces, mañana emitirán los resultados oficiales en el IFE, espero que digan que no los tienen todavía y que hablen de posibles ganadores de la contienda; espero que no entreguen a la Nación tan fácil. Espero que no. Aché.  

© Pintura de Fernando Colores 

sábado, 14 de abril de 2012

domingo, 27 de noviembre de 2011

Cariño de invierno.

Por la mañana, platicando por teléfono con mi mamá, me avisa que uno de los árboles de naranjo que sembró mi Nana Chú tiene 34 naranjas a punto de madurar y que la Mandarina ostenta 53 frutos (en Caborca); "te mandaré por Albatros en cuanto estén listas, sé que son tu medicina de invierno", me dijo mi mamá. Y así es, por medio de estas frutas recibo el cariño de mi abuela que partió de este mundo desde 1981, pero dejó su amor sembrado. Esperaré ansiosa entonces mi porción de cariño de invierno.

domingo, 24 de julio de 2011

Un gran resplandor

Gracias tía Sylvia Elena por tantos momentos tan buenos que nos diste en nuestra infancia, por toda esa alegría, por los festines, los viajes a Tucson, por tu sonrisa, por los regalos, por tu ejemplo, por todo lo que nos dejas ahora que te vas, por tus hijos que se hicieron nuestros primos, por las aventuras, por brindarnos tu hogar, por tus pláticas, por tu elegancia... Gracias.

Hoy te fuiste al Cielo a las 10 de la mañana, es domingo, 24 de julio del 2011. Hasta Siempre.

(Foto tomada por su hija Rebeca cuando salió del hospital el 25 de junio tras haber estado dos días en terapia intensiva después de una operación al corazón que duró 7 horas).